La Asociación    La Directiva    Concejo de Molleo     Espicha     Fiestas de San Fernando  

Situado en un privilegiado enclave en el corazón de Asturias, en el centro del concejo de Siero, y distante apenas 15 km. de algunos de los principales núcleos de población de la región como Oviedo, Gijón, Mieres y Langreo, se encuentra Molleo, un pequeño y hermoso pueblo de la parroquia de Hevia. Su ubicación en la ladera del Picu Cadaval, a unos 500 m. de altitud, rodeado de una extensa vegetación compuesta principalmente por bosques de robles, castaños, eucalipto y abundantes prados, y un sotobosque de helechos y otras especies menores que dan cobijo a numerosas especies de fauna menor (ardilla, hurón, puerco espín, martas, curuxa, cuquiello y algún raposu y jabalín), hacen de este paraje un pequeño paraíso natural, ruta obligada de excursionistas y amantes del disfrute de la naturaleza, y punto de encuentro muy frecuentado por gentes que buscan simplemente un lugar apacible y tranquilo donde relajarse de las tensiones y el estrés que genera la ciudad.

Según pone de manifiesto los censos y listas de empadronamiento, a principios del recientemente pasado siglo XX, Molleo contaba con algo más de 300 habitantes, repartidos entre los dos barrios más grandes L'Picariel y L'Lutiru, y el resto de casas y fincas adyacentes: les Navaliegues, les Collanques, el Cantu, les Fontaniques, la Campera, La Faya, el Cadaval, la Peña, el Cuitiquín..., por citar solo algunos de los más conocidos; una población dedicada a las labores del campo y la ganadería, actividades en unas ocasiones realizadas por mujeres y sus hijos, como complemento necesario que contribuía a aumentar una economía familiar sostenida por el trabajo en la mina o en la siderurgía del padre y cabeza de familia, y en otras muchas como único modo de subsistencia. Inevitablemente las circunstancias han cambiado con el tiempo, y con ellas también los modos de vida. En la actualidad Molleo cuenta con una población de 52 vecinos, muchos de ellos, la gran mayoría descendientes directos de aquellas gentes de campo de principios del siglo XX, aunque esa reducida población aumenta considerablemente en determinadas épocas del año, coincidiendo con períodos vacacionales, en los cuales el pueblo se llna de familias que buscan en él la tranquilidad y el contacto con la natureleza. Gracias a la presencia y el apoyo de muchas de estas gentes que no viven aquí entre nosotros, pero que no dejan de visitarnos año tras año, hemos conseguido entre todos hacer de Molleo un pueblo pequeño, pero lleno de vida que además, mantiene muchas de sus antiguas costumbres y tradiciones, entre ellas la celebración de las fiestas en honor a San Fernando.

En este punto no podemos olvidarnos de algunos de esos vecinos más recordados y queridos por todos, a los que estamos plenamente agradecidos pues contribuyeron con entusiasmo y dedicación a la mejora de Molleo. Son muchos los nombres que podríamos recordar ahora, aunque una mención destacada y especial, por el enorme cariño y profunda huella que dejó en el recuerdo de todos los que le conocimos, es Alfredo García Fuente, carpintero de profesión, pero ante todo persona de talante excepcional, amigo de todos, entusiasta y apasionada de la vida, por cuyo empeño y dedicación todos los vecinos de Molleo y todas las personas que lo conocieron, lo recuerdan con emoción y cariño sinceros. Precisamente a su entusiasmo y tesón se debe el ser reconocido como fundador de las fiestas en honor a San Fernando, un recocimiento y agradecimiento que los vecinos de Molleo hemos querido reflejar erigiendo al pie de la capilla un monolito y una placa conmemorativos en su recuerdo.

Otra persona muy conocida y querida por nosotros es José García García, a quien todos recuerdan como Pepito o Pepín, poeta vecino de la cercana localidad de Llorianes (Valdesoto), quien en la década de los años 50 tras su matrimonio con Pura, se trasladó a Molleo de donde fue un vecino ejemplar que contribuyó con su actividad literaria a la difucsión del conocimiento de nuestro pueblo, de sus fiestas y sus costumbres.

Gracias a la labor desempeñada por estas y tantas obras personas que desinteresadamente han colaborado siempre con los vecinos de Molleo, han podido celebrarse sus fiestas patronales bajo la advocación de San Fernando. Desde sus orígenes en la década de los años 30, la fiesta de San Fernando se ha celebrado puntualmente el tercer domingo de cada mes de Agosto, hecho que supone haber mantenido una tradición durante más de 70 años de forma ininterrumpida con la sola excepción del obligado paréntesis de la Guerra Civil, período durante el cual los más viejos del lugar recuerdan que incluso la imagen del santo, única talla original de madera conservada en la Parroquía, hubo de ser escondida para evitar su destrucción.

En los primeros momentos de la fiesta tenía lugar en el prau de la Faya, situado detrás de la capilla. Posteriormente la jira fue cambiando de ubicación y celebrándose en otros lugares, como el prau de les Collanques, hsata llegar a su actual localización en el prau'rriba .

Pero si bien es cierto que el lugar de encuentro ha ido variando con el paso del tiempo, no ha sucedido lo mismo con las actividades que se han desarrollado durante los días de fiesta. Así, la ceremonía religiosa y la procesión se han mantenido hasta nuestros días, acompañadas de la música y el folklore populares, lo mismo de la tradicional subasta del ramu, en la que diversos lotes de productos donados por los vecinos y colaboradores son vendidos al mejor postor. Crisencio, Celestino, el propio Pepín, Constante el del prau Molleo, y actualmente Manolín el del Cabañón, han sido algunas de las voces protagonistas de muchas y divertidas anécdotas ocurridas durante la subasta y que todos recordamos.

Y para terminar una última y breve referencia a otra de las tradicionales actividades que tenía lugar el día grande de la fiesta, la suelta del gochu. La polémica que ha suscitado en los últimos tiempos, alimentada por la presión en contra de algunos grupos ecologistas, ha terminado por hacer desaparecer esta tradición que venía celebrándose desde hace más de 20 años.

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